No puedo creer lo que estoy haciendo. Creo que la cordura la he perdido por completo, pero qué forma tan deliciosa de perder la razón.
Mis caderas empujan con violencia hacia Elora. Estoy derramando gotas de sudor sobre ella, mientras gime como la melodía preciada de una sirena para el capitán de una embarcación.
—Ahhh, n-no pares...
Me exige, mientras me aprieta con dureza la cintura, deseando más y más placer, y como buen hombre le daré más.
Sé que después de esto es probable que las cosas ca