Me acerqué un poco más a ella, invadiendo su espacio sin permiso y sabiendo que cualquier cosa podría pasar, completamente convencido de lo que quería: besarla y que ella me besara esta vez.
Volteó el rostro y sus manos tocaron mi pecho, negándose al contacto de su piel con mi piel.
—N-no.
—¿Por qué no?
—Y-yo te odio, no quiero esto.
—¿Y por qué las palabras se quedan atascadas en tu garganta? ¿En serio tú me odias, Elora? Si lo único que he hecho en esta vida es... —me mordí el labio infe