ALEXANDER
Sentí cómo la ira empezaba a crecer dentro de mí, lenta y afilada, llenando cada rincón de mi ser.
Apreté la mandíbula. Un músculo se contrajo mientras me obligaba a permanecer inmóvil.
Aquello era absurdo.
Ridículo.
¿De verdad pensaban que iba a aceptar algo tan poco razonable?
Raina no era capaz de encargarse de un proyecto de esa magnitud.
No tenía experiencia.
Ni preparación.
Demonios, ni siquiera sabía llevar un talonario de cheques, mucho menos gestionar un acuerdo de varios mil