RAINA
No podía creer el descaro... la audacia que tenía para acorralarme de esa manera. En cuanto vi la fría e intensa mirada de Alexander, supe que nada bueno podía salir de las palabras que estaba a punto de decirme. Intenté escabullirme sin que me notara, evitar precisamente esta situación, pero su agarre sobre mi brazo era firme, casi doloroso.
Apreté la mandíbula y le sostuve la mirada con desafío.
—Lo que yo haga no es asunto tuyo, Alexander.
Él soltó una risa desdeñosa y entrecerró los o