Capítulo 28.
Capítulo 28
Sarah.
El segundero del reloj de pared avanzaba con una indiferencia insultante. Cada pequeño salto de la manecilla era un clavo más en el ataúd de mi paciencia.
Me levanté del banco de madera, incapaz de seguir sentada, y empecé a caminar en círculos por el estrecho espacio de la sala de espera.
—Licenciado, haga algo —le solté, deteniéndome frente a él. Mi voz sonó más aguda de lo que pretendía—. No pueden simplemente dejar que no venga. Hay una citación, hay una orden.
El abogad