Capítulo 17.
Capítulo 17
Sarah.
Las tarjetas de invitación pesaban en mis manos como si estuvieran hechas de plomo. Me quedé en medio de mi habitación, escuchando el silencio de la casa, pero lo único que resonaba en mis oídos era la voz de Alicia: “Sabes que no puedes hacerlo sin mí, Ale”.
La rabia, esa mezcla ácida de celos y humillación, me subía por la garganta. No podía simplemente quedarme allí encerrada como una prisionera que espera su sentencia.
Sin pensarlo, con la adrenalina disparada, salí al pa