Dalia no soportó los nervios y puso la mano en el pomo de la puerta, lista para entrar e interrumpir la conversación, pero volvió a detenerse al oír la voz del guardaespaldas desde dentro.
— No, señor. No hubo ningún contratiempo — respondió Sebastian con seriedad, manteniendo la mirada fija en su jefe.
— Hum, excelente. Espero que siga así. Debes ser su sombra de ahora en adelante y no debes permitir que ningún extraño se acerque. Mantén los ojos bien abiertos; quizá hoy tuviste suerte al toma