Leonardo se levantó, visiblemente nervioso.
— ¿Qué... qué dijiste? ¿Mafia? ¿Las Presas de Cortez? No, esto tiene que ser un error — negó, mientras caminaba de un lado a otro en el despacho.
— ¿Qué querrían esas personas de nosotros? ¿Por qué enviarían un arma a Dalia?
Leonardo se pasó las manos por el cabello, inquieto. Sus negocios eran limpios y honestos, nunca se había involucrado con criminales. Entonces, ¿por qué justamente la escoria más peligrosa del submundo estaba fijándose en su famil