A la mañana siguiente, estaba nerviosa, con el plan que había trazado. Pasé la noche investigando las mejores preescolares para poder llevar a Dália allí y agendar en horarios que fueran favorables para mi plan.
–Helena, ¿está todo bien?– Escuché la voz de Leonardo llamarme mientras desayunábamos, y me volví hacia él. –Estás muy callada y pensativa, ¿algún problema?–
–No, ninguno–
–Si estás preocupada por el asunto que hablamos ayer, no te preocupes, como dije, voy a duplicar la seguridad para