–Es la señora Carla. Y se reunió con la señorita Helena hace días–
Esas palabras hicieron que me zumbara el oído y que la cabeza me diera vueltas, tanto que tuve que apoyarme en la mesa.
–¡Señor!– Gabriel quiso acercarse para ayudarme, pero lo detuve con un gesto de la mano.
–¿L-La Helena y Carla? ¿Juntas?– pregunté mirando la foto, incrédulo.
–Sí, señor. Conversaron durante más de una hora, el día en que ella salió supuestamente para encontrarse con ese amigo–
Apreté los puños, irritado por el