Adrian frunció el ceño y miró a su cómplice.
— ¿De qué planes estás hablando? — preguntó Adrian, con la voz oscilando entre la confusión y la rabia. — El trato era claro. Te pedí que me ayudaras a secuestrar a la chica, y ahora nuestro acuerdo termina. Me llevaré a Dália conmigo.
Diego soltó una risa seca que resonó por las paredes de metal del galpón, y dio una calada al cigarro con calma.
— Bueno, lo siento, Adrian, pero me quedaré con ella — respondió Diego, soplando el humo.
— Nuestro acuer