Júlia terminaba de arreglar la corbata de Leonardo cuando sintió un beso de él, lo que la hizo sonreír al instante.
—¿Por qué estás tan seria?— preguntó él.
—Ayer te esperé para ir al colegio de los niños y no devolviste mi llamada. ¿Dónde estabas?— preguntó ella, arqueando la ceja.
Leonardo se aclaró la garganta y desvió la mirada. Si ella supiera que había estado discutiendo otra vez con Arthur Gonzalez, seguramente le caería una regañina memorable.
—Tuve una reunión de emergencia—
—Hum. Fui