— Entonces, señorita... ¿tenemos un acuerdo? — insistió Sebastian, esperando su respuesta.
Dalia lo miró por breves segundos y desvió la mirada hacia el portón principal, donde vio entrar el coche de Leonardo.
Sebastian también miró en esa dirección y luego volvió a observar a la joven, que parecía cada vez más nerviosa.
Como siempre, Leonardo seguramente llamaría a Sebastian a su despacho para recibir un informe completo sobre ella, y si él contaba su pequeña fuga, sería el final para ella.
El