Eva salió de su consultorio y caminaba en dirección al comedor del hospital cuando sintió que alguien se le acercaba por detrás.
—¡Eva! —dijo la otra médica—. ¿Y entonces? ¿Cómo te fue con ese guapetón ayer?
—Dios, ¿solo piensas en hombres? —preguntó ella, sin dejar de caminar.
—¡Claro! ¡Somos jóvenes, lindas y hermosas! ¡Debemos disfrutar la vida! —respondió la otra con un tono entusiasmado.
Eva sonrió, negando con la cabeza.
—Bueno, yo prefiero aprovechar mi juventud para trabajar mucho, acum