Júlia y Leonardo llegaron al rancho de Joaquim caminando de la mano hacia la arena ecuestre, donde Dália cabalgaba en su poni. La niña ya dominaba al animal mucho mejor que la última vez, bajo la atenta mirada de Joaquim, que sostenía la rienda larga por seguridad.
— ¡Mamá, papá, miren! — exclamó la niña en cuanto vio a ambos apoyados en la cerca, observándola con sonrisas orgullosas.
— ¡Muy bien! ¡Nuestra niña es una verdadera amazona! — dijo Júlia, aplaudiendo con entusiasmo. Luego se giró ha