— ¿Presentaste una solicitud para que Leonardo reconozca a tu bebé? ¿Realmente estás segura de que ese hijo es de él? — preguntó Elisabete, lanzando una mirada escéptica al vientre de Carla, que estaba sentada en el sofá de enfrente con una postura defensiva.
Carla frunció el ceño al recibir aquella pregunta cargada de veneno.
— ¡Claro que es de él! ¿Crees que soy tan estúpida como para ir a la justicia a sostener una mentira de ese tamaño?
— Bueno, seamos sinceros, ya has hecho mucho más solo