Los primeros rayos de sol del día entraron por la ventana, iluminando la habitación decorada en rosa, alcanzando el rostro de la pequeña niña que dormía en la cama, entre dos cuerpos.
Dalia frunció el ceño al sentir el sol en su rostro y abrió los ojos lentamente, sintiendo un calor que no era habitual: el calor de despertar abrazada.
Levantó la cabeza, encontrando el rostro dormido de su padre, mientras uno de sus brazos se extendía sobre su pequeño cuerpo hasta la cintura de Julia, y el otro