El cortejo nupcial no tardó en llegar al Hotel Marquis Reforma.
Mientras me retocaban el maquillaje, recuperé mi celular. Al encenderlo, me inundó una avalancha de mensajes.
Todos eran de Ricardo Vargas:
[Eli, contéstame, por favor, ¿sí?]
[Eli, perdóname, me equivoqué. Regresa, por favor. ¡No te cases con otro!]
[Te lo ruego, ¡vuelve! No soportaría perderte]
Llamadas perdidas y mensajes incontables. Además de los de Ricardo, para mi sorpresa, Verónica también me había escrito.
Pero los suyos era