En mis recuerdos, no existía un momento en que Ricardo se hubiera mostrado tan… humilde frente a mí. Nunca como ahora.
Mantuve una calma absoluta.
—Ricardo, ya no pelees. No tiene nada de malo admitir que ya no eres el mismo.
—Mira, yo sí creo que antes me querías de verdad, pero es un hecho que eso ya cambiaste.
Me interrumpió, la ansiedad se apoderaba de su voz.
—¡No, no es cierto! Yo te sigo queriendo, ¡créeme, Eli!
Se me escapó una risa, cargada de ironía.
—Dices que me quieres, pero ni siqu