Capítulo 134. Que gane el mejor
"Augusto"
Observé a Isabella por algunos segundos antes de hablar. Se sentó en una de las sillas del vestíbulo, con los hombros tensos y la mirada distante, como quien sabía que había cruzado una línea sin retorno.
Isabella había hecho lo impensable. Y, aun así, había hecho lo necesario.
—Sabes que acabas de comprar una guerra, ¿verdad? —murmuré, acercándome.
Ella levantó los ojos, cansada pero firme.
—Una guerra más o una menos no hace mucha diferencia. Pero si yo no hablaba, él subiría. Y ent