Capítulo 130. La falta que me haces
"Augusto"
Hasta el gato me miraba raro; parecía juzgarme a cada paso. Pipoca, que solía ser un torbellino de pelos y travesuras, ahora se encogía. Todos en esa casa extrañaban a Isabella.
Yo no quería admitirlo. Intenté convencerme de que era un respiro, un tiempo necesario. Pero al segundo día, se volvió imposible ignorar cuán silenciosa estaba la casa vacía sin ella. Cuán grande parecía la cama para una sola persona; y al tercer día, ya no pude esperar más.
Isabella estaba en todos los rincon