El vehículo se desplazaba a vuelta de rueda a través del denso tráfico vespertino de la ciudad.
Afuera, las luminarias urbanas destellaban contra el cristal de la ventanilla como pequeñas estrellas titilantes.
En el interior del automóvil, imperaba una calma absoluta.
Demasiado profunda.
Judy permanecía sentada al lado de David, con la espalda firmemente apoyada contra el respaldo de piel y la cabeza recostada levemente sobre el frío vidrio. Aún traía puestos aquellos hermosos zapatos de tacón