Verdades silenciosas en casa
La residencia se percibía completamente distinta aquella noche.
No se sentía ruidosa.
Tampoco abrumadora.
Simplemente… pacífica.
Cuando el automóvil se detuvo frente a la entrada principal, Judy descendió con movimientos pausados. David permaneció muy cerca de ella, escoltándola con la mirada, listo para reaccionar en caso de que sus piernas volvieran a traicionarla. Ella se percató de su constante atención y le dedicó una pequeña sonrisa de gratitud.
—Estoy bien —a