Judy estaba sentada en el sofá de su sala de estar, sujetando el teléfono con firmeza. El corazón le latía a mil por hora. Se acababa de enterar de lo que Clark había hecho en la oficina de David. La noticia se había extendido rápido: él había irrumpido, gritado y provocado un caos. Había acusado a David de “quitársela” y lo había amenazado abiertamente.
El rostro de Judy se encendió de ira. No podía creer que hubiese sido capaz de semejante acto. ¿Cómo se atrevía a actuar de esa manera, como u