CAPÍTULO 33

La mañana llegó lentamente.

La luz del sol entró al gran comedor a través de los altos ventanales de vidrio. Tocó la larga mesa, los platos brillantes y el espacio silencioso a su alrededor.

Judy se sentó a un lado de la mesa.

David se sentó frente a ella.

Entre ellos había un espacio amplio.

No solo la mesa.

Sino el silencio.

Las sirvientas sirvieron el desayuno en silencio y se marcharon casi de inmediato. Ellas también podían sentir ese aire extraño. Nadie quería quedarse mucho tiempo.

Judy
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