ARIA
Me mantuve de pie al lado del escritorio, tratando de ignorar la mirada persistente que me clavaba el Comandante. Seik no había apartado los ojos de mi rostro en los últimos minutos a pesar de que escuchamos un golpe en la puerta.
Retiró su mano de mi abdomen bajo justo en el instante en que la puerta se abrió de golpe y un soldado entró con paso firme.
— ¿Qué quieres?—dijo Seik, sin apartar los ojos de mí.
—Comandante, uno de nuestros soldados ha desaparecido… Llevamos toda la noche sin no