SEIK
La observé marcharse con el ceño fruncido y la mandíbula tensa. Algo en mi interior rugió de frustración, pero no hice ningún movimiento para detenerla. Me quedé allí, de pie, inmóvil, tratando de descifrar qué demonios acababa de pasar.
La había llamado. Le había dicho que viniera a mi dormitorio. Quería tomarla de nuevo…
¿Por qué me ha dicho que no? Pensé que me le había gustado lo que hicimos ayer.
No había considerado que pudiera negarse.
No la había tratado con rudeza… bueno, al meno