ARIA
Cuando llegué al comedor, la mayoría de los machos giraron la cabeza para mirarme con sonrisas traviesas dibujadas en los labios. Mi cuerpo reaccionó por instinto, y el calor subió a mis mejillas.
‘Otra vez…’
Al llegar a la mesa de los novatos, todos me saludaron y algunos rieron por lo bajo. Melia apareció detrás de mí y me rodeó con un pequeño abrazo.
—¿Os habéis enterado? Tenemos una nueva compañera en el grupo de los novatos.
—¿En serio? —pregunté, confundida.
—Mira, por ahí viene…
Meli