SEIK
Esta noche la luna brillaba más que nunca y la niebla se levantaba lentamente entre los árboles, dando al bosque un aire misterioso y etéreo.
Avancé con cautela y agudicé mis sentidos.
El ciervo pastaba tranquilamente, ajeno a mi presencia, arrancando bocados de hierba que crecían enredados alrededor de un árbol cercano. Me agazapé entre las sombras, asegurándome de que ni mi olor ni el más mínimo movimiento alertaran su instinto de supervivencia.
La espera fue breve pero tensa, m