ARIA
Cuando por fin divisamos la frontera de la manada, ya era de noche.
Los centinelas nos olieron antes de vernos, y, en cuanto nos vieron, empezaron a aullar para alertar a todas las patrullas cercanas y ayudar con los heridos. Vi cómo uno de ellos salía corriendo hacía la garita para llamar a la mansión, pronto avisarían a Roberto.
La explanada frente a la mansión del Alfa se llenó de hombres y mujeres lobo que nos esperaban con expresiones de desconcierto y mucha incertidumbre.
El aviso no