ARIA
El agotamiento me pesaba como una losa. El viaje había sido largo y la discusión con mi padre me había dejado hecha pedazos. Apenas había tenido tiempo de respirar cuando una sirvienta llamó a la puerta con una orden:
—A las nueve, baja al salón a cenar.
Genial. Justo lo que me faltaba.
"Cenita en la mansión del Alfa Lucciano... como si no tuviera suficiente con este día de mierda."
Con fastidio, me vestí y me dispuse a ir al salón. Pero antes de llegar, una voz cargada de burla me detuvo