ARIA
Una inquietud inesperada me alcanzó a medida que nos acercábamos a la entrada del territorio de Luna Menguante.
Los centinelas, de pie en sus puestos estratégicos, nos miraron con desconfianza tan pronto como nos vieron. Sabíamos que no seríamos bien recibidos, pero aún así, sentí un escalofrío recorrerme la espalda.
Uno de los centinelas levantó la mano y, con un gesto autoritario, nos indicó que nos detuviéramos.
No tardó en sacar su comunicador, y pude escuchar a lo lejos cómo llamaba