Las 8:28.
Valerie lo leyó en el reloj del pasillo y contó mentalmente hasta que la aguja avanzó dos veces.
Doña Carmen apareció puntual, como si el reloj fuera su extensión.
—Tercer piso —dijo, sin saludo, sin introducción—. Dirección, sala de reuniones grande, despacho del subdirector y la sala técnica al fondo. Esa última la dejas para el final. A veces hay gente hasta tarde y no siempre avisan.
—¿Cuánto tiempo suele quedar libre?
Carmen la miró.
—¿Por qué?
—Para calcular el orden. Si la sala