Al abrirlo, empiezo a leer:
Una vez más, mientes. Esto se hará de costumbre. No me tienes contenta. Fui a casa de Betsy, no estabas y nunca le avisaste que mentirías.
Me quedé mirando el mensaje y surgió una interrogante. ¿Soy terrible por querer experimentar y conocer el mundo? Le contesté:
Estoy bien. Cuando llegue me reclamas y me das tus insultos. Tu hija mentirosa.
Apago el celular, lo guardo en el bolso y me siento con menos carga. No tengo miedo a sus gritos y salgo del baño. Es hermo