Se marchó y caminé hacia la entrada. Empiezo a buscar la llave y abro la puerta. Al dar mi primer paso dentro la siento sin apenas mirarla y la enfrenté. Está sentada a oscuras en el sofá con una botella de alcohol en mano y su cara seria. Enciende la lámpara a su lado, veo su ira y espero por su discurso.
—Bonitas horas de llegar —mira el reloj de la pared.
—11:30 de la noche —susurré lo obvio y mi corazón se aceleró.
Esta vez no por amor, sino por temor.
—Sabe leer un reloj, ¡me has sorpr