Rápido saco los dos sobres de mi cartera, los sostengo y me bajo para poner punto y final. Al caminar veo lo decaída que está la vivienda, el pasto crecido y el carro de mi madre está estacionado en la entrada. Tomo valor, toco la puerta y nada. Volví a tocar varias veces, se escuchan unos pasos y maldiciones. Por instinto nos apartamos de la puerta y abre en ese justo momento. Revelando a mi madre tan perdida, su pelo que siempre cortaba militar está más largo y le sale una pequeña coleta. La