El silencio que envolvía la oficina del director ejecutivo de Daxon Group era tan denso que contrastaba por completo con el bullicio del distrito financiero que palpitaba al otro lado de los ventanales de piso a techo. Daryl Dixon permanecía recostado en su amplio sillón, con la mirada perdida sobre la reluciente superficie del escritorio de roble. En la esquina derecha descansaba una pequeña caja de terciopelo negro. En su interior se encontraba un anillo de oro blanco con un pequeño diamante,