El suave llanto de Michelle fue apagándose poco a poco, dejando solo pequeños sollozos ahogados tras sus dedos. Kael Sebastian permaneció sentado en su silla sin interrumpir aquel momento de profunda emoción. Le concedió el tiempo suficiente para asimilar el nuevo destino que acababa de llamar a la puerta de su vida.
Después de varios minutos de silencio, Michelle bajó las manos. Se secó las lágrimas que aún quedaban en sus mejillas y miró a Kael con mucha más serenidad, aunque sus ojos seguían