Las hojas con las ofertas de empleo que Michelle llevaba en las manos estaban llenas de anotaciones hechas con tinta negra. Los zapatos de tacón que calzaba le oprimían cada vez más los dedos, haciendo que cada paso sobre las abrasadoras aceras de la capital se sintiera como una pequeña tortura.
Exhaló lentamente y se apoyó contra la barandilla de una parada de autobús casi desierta. Aquella era la quinta empresa que visitaba ese día, y la respuesta había sido exactamente la misma en todas ella