La noche avanzaba, pero el aire dentro del apartamento del cuarto piso era tan frío como el hielo. Michelle estaba sentada al borde de su cama individual, observando la pantalla de su viejo portátil, cuya tenue luz iluminaba la habitación. En la bandeja de entrada de su correo electrónico volvía a aparecer la misma frase que ya se había vuelto demasiado familiar para ella durante las últimas tres semanas:
«Lamentamos informarle que su perfil no se ajusta a las necesidades de nuestra empresa.»
M