Setenta y dos años.
Bastón de madera oscura.
Traje gris de lana gruesa que había sido caro cuando lo compró y que con los años había adquirido esa dignidad específica de la ropa que se usa con constancia.
La sala de audiencias de La Haya no intimida a Remedios Vega.
Isadora lo supo cuando la vio entrar.
No por la postura, que era la de siempre: firme, el bastón como herramienta, no como apoyo. Sino por la mirada. La mirada de alguien que ha visto cosas que los jueces de ese tribunal no han vist