La pantalla brillaba en la oscuridad de la sala de operaciones como ojo acusatorio.
Isadora había reunido al equipo a las dos de la madrugada, el mensaje de Hoffmann ardiendo en su mente como carbones que se negaban a apagarse. Si existía otro archivo, uno que ni siquiera Andrés conocía, cambiaba todo lo que creían entender sobre la muerte de Valentina.
—Hoffmann no miente —dijo el Especialista, sus dedos volando sobre el teclado mientras rastreaba los servidores que habían hackeado—. Es demasi