El título del segundo libro llevaba escrito en un post-it amarillo sobre el borde del monitor de Marcos desde hacía exactamente seis meses.
Eran tres palabras tachadas, reescritas, rodeadas por un círculo de tinta negra. Ninguna le convencía. Ninguna tenía la resonancia estructural que el texto exigía. Durante medio año, ese trozo de papel había sido un recordatorio constante de que el análisis aún no estaba completo.
Esta mañana, con la luz fría colándose por la ventana de su estudio, Marcos a