El contador interno de la fundación marcó mil familias un miércoles a las tres y media de la tarde.
Nadie lo vio en tiempo real.
María lo detectó desde Madrid, donde estaba de reunión con un proveedor de servicios educativos para el programa de formación laboral. Tenía el portal de gestión abierto en segundo plano en el ordenador portátil, que era un hábito que había desarrollado sin que nadie se lo pidiera: mantener la vista en los números mientras hacía otra cosa.
Lo vio cambiar de 999 a 1000