La carta llegó un martes por la mañana.
No era un correo electrónico cifrado. No era un mensaje a través de intermediarios en canales seguros. Era papel físico, pesado y con textura, entregado por mensajería internacional certificada.
Dante la vio primero.
Estaba recogiendo el correo del vestíbulo mientras Lucía terminaba de buscar su mochila y Ernesto intentaba abrocharse un zapato con la lentitud deliberada de quien no quiere ir al colegio.
Dante reconoció el sello en relieve en la esquina su