El primer golpe llegó a las siete de la mañana.
Isadora estaba terminando de vestirse cuando su teléfono comenzó a vibrar sin parar. Mensajes de Elena, de Marcos, de números desconocidos que resultaron ser periodistas hambrientos de carnaza.
"Enciende el noticiero. Ahora."
La pantalla del televisor cobró vida con el rostro impecablemente maquillado de una presentadora que pronunciaba su nombre como si fuera una enfermedad contagiosa.
"...fuentes anónimas dentro de Montemayor Holdings aseguran q