La cerradura cedió con clic que resonó en el silencio nocturno.
El Especialista empujó la puerta de la capilla apenas lo suficiente para deslizarse dentro, desapareciendo en la oscuridad como sombra absorbida por sombra mayor. Isadora lo siguió con Dante pegado a su espalda, sus pasos amortiguados por siglos de polvo sagrado sobre losas de piedra.
El olor golpeó primero: incienso antiguo, humedad de siglos, el aroma mismo del tiempo solidificado en piedra. Santos de yeso los observaban desde ni