Elena llegó al apartamento a las cuatro de la tarde con su laptop bajo el brazo y un café que ya estaba frío.
No se sentó.
Abrió el folder, estudió los documentos durante tres minutos exactos, y luego cerró la laptop con un golpe seco.
—Esto puede funcionar.
—¿Cómo? —preguntó Isadora.
—El dinero no puede ir directamente a la fundación. Eso lo convierte en objetivo de cualquier demanda futura que los Castellanos quieran presentar. —Elena acomodó sus notas sobre la mesa—. Pero si primero pasa por