El primer diciembre con tres semanas empezó el día dos.
Emma llegó con dos maletas.
Isabella las contó desde la entrada con el dedo índice: uno, dos. Asintió.
—Dos —dijo Isabella.
—Tres semanas —dijo Emma.
Isabella procesó la equivalencia entre las dos maletas y las tres semanas.
La aceptó.
Siguió con lo suyo.
Era el sistema de bienvenida que habían desarrollado sin que nadie lo diseñara: Isabella contaba, Emma explicaba, Isabella archivaba la información y continuaba. Funcionaba porque respeta