Emma llegó el fin de semana siguiente con el paso diferente.
Valentina lo notó desde la puerta.
No la urgencia contenida de las semanas anteriores, cuando Emma llegaba con el libro de Rebeca Salinas en la mochila y las preguntas ordenadas en el cuaderno y el proceso interno haciéndose visible en la forma en que miraba las cosas.
Esto era diferente.
Era el paso de después.
El de alguien que terminó algo y que ahora estaba disponible para lo que viniera.
Isabella lo registró a su manera.
—Emma —d